lunes, 2 de febrero de 2026

La mesa del fondo

En el aula, la mesa del fondo siempre era territorio complicado. Allí se sentaban chicos y chicas con opiniones fuertes, bromas rápidas y pocas ganas de ceder. Cada trabajo en grupo acababa en discusiones.

Un día, la profesora propuso un debate sobre un tema polémico. Las voces se alzaron enseguida. Nadie escuchaba. Todos querían tener razón.

Claudia, que normalmente evitaba hablar, pidió la palabra.
—¿Podemos intentar algo distinto? —dijo—. Que cada uno explique lo que piensa sin interrupciones. Y luego hablamos.

Hubo risas. Algún gesto de burla. Pero empezaron.

Poco a poco, al escuchar sin responder de inmediato, entendieron que detrás de cada opinión había una experiencia. No todos cambiaron de idea, pero sí cambió el ambiente.

Al terminar la clase, alguien comentó:
—No estamos de acuerdo… pero ha sido distinto.

Claudia sonrió. Comprendió que el diálogo no es ganar una discusión, sino abrir un espacio donde el otro también cuenta.

* * *

El diálogo verdadero nace cuando estamos dispuestos a escuchar y a respetar al otro, incluso cuando piensa distinto.

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