Había cometido un error en un trabajo en grupo y, para no quedar mal, había dejado que otro compañero cargara con la culpa. Nadie la había señalado. Nadie parecía sospechar.
Pero ella no estaba tranquila.
Envió el mensaje y dejó el móvil boca abajo.
Al día siguiente, el ambiente no fue fácil. Hubo sorpresa, alguna queja y silencio. Pero el profesor agradeció su sinceridad y el grupo pudo corregir el trabajo.
Julia no salió ganando en todo. Pero salió en paz.
Comprendió que la sinceridad no siempre nos libra de consecuencias, pero nos libra de vivir escondidos. Y que decir la verdad, a tiempo o a destiempo, siempre libera.
* * *
La sinceridad exige valentía, pero construye confianza y paz interior. Vivir en la verdad nos hace más libres.

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