Un día, en tutoría, les pidieron escribir durante diez minutos sin levantar el bolígrafo una sola vez. Sin mirar el móvil. Sin hablar.
Daniel empezó a escribir cualquier cosa. Pero, poco a poco, aparecieron palabras que no esperaba: cansancio, enfado, miedo a no ser suficiente, ganas de gustar a todos.
Cuando terminó, se dio cuenta de algo extraño: se sentía más ligero.
Aquella tarde, se miró en el espejo del baño. No buscó defectos. Se preguntó:
—¿Cómo estoy de verdad?
No todas las respuestas fueron fáciles, pero eran sinceras. Daniel entendió que conocerse a uno mismo no es juzgarse, sino escucharse. Y que solo quien se reconoce por dentro puede empezar a cambiar por fuera.
* * *
La autoconciencia nos ayuda a comprender lo que sentimos y por qué actuamos como lo hacemos. Es el primer paso para crecer.

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