Un vídeo corto, música rápida y un mensaje claro: “Atrévete. Solo es una vez.”
Álex miró el móvil. Sentía la presión en el pecho. No quería quedar como el raro. Tampoco estaba convencido. Pensó en el instituto, en sus padres, en lo rápido que algo así se podía salir de control.
—Venga —insistió uno—, no seas exagerado.
Álex no respondió. Guardó el móvil en el bolsillo y dio un paso atrás. Literalmente. Se separó del grupo unos metros y respiró.
Hubo risas. Alguna burla. Pero el reto no se hizo. Al final, nadie quiso ser el único.
Esa noche, Álex no se sintió valiente ni héroe. Pero sí tranquilo. Y entendió que la prudencia no es tener miedo, sino saber decir “no” a tiempo.
La prudencia es el valor que te permite elegir bien incluso cuando nadie más lo hace.

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