viernes, 23 de enero de 2026

Paso a paso

A Pablo no le gustaba empezar las cosas desde cero.
Prefería lo rápido, lo que se notaba, lo que daba resultados inmediatos. Por eso, cuando en Tecnología les encargaron construir un puente de madera, pensó que sería sencillo.

El primer día trabajó deprisa. Pegó piezas sin medir demasiado y dio por terminado su trabajo antes que los demás. Sonrió satisfecho.

Una semana después, llegó el día de la prueba. Uno a uno, los puentes soportaban peso. Cuando tocó el suyo, el puente crujió y se vino abajo casi al instante.

Pablo sintió vergüenza. Pensó en rendirse.

El profesor se acercó y le dijo en voz baja:
—Las cosas que valen suelen pedir tiempo.

Esa frase le acompañó toda la tarde.

Volvió a empezar. Esta vez midió, lijó, esperó a que el pegamento secara. Avanzó despacio. A veces se aburría. A veces se equivocaba. Pero seguía.

Cuando terminó, su puente no era el más bonito. Pero era sólido.

En la prueba final, resistió más peso que la mayoría.

Pablo sonrió, no por la nota, sino porque había aprendido algo nuevo: trabajar bien no siempre se nota al principio, pero siempre se sostiene al final.

* * *

La laboriosidad no es hacer mucho, sino hacer bien, con paciencia y constancia, incluso cuando nadie está mirando.

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