Un lunes, la tutora les pidió preparar un proyecto largo, con varias entregas. Marcos pensó que aún quedaba mucho tiempo. Demasiado.
No sabía por qué, pero decidió probar.
En la siguiente hoja escribió una lista corta:
Empezar el proyecto (solo el esquema).
Estudiar 30 minutos.
Preparar la mochila.
Nada más.
Apagó el móvil. Empezó por el primer punto. No fue perfecto, pero fue real. Cuando terminó la lista, aún tenía tiempo. Y, por primera vez en semanas, no se sintió agotado.
Al día siguiente repitió. Luego otro. Poco a poco, Marcos dejó de correr sin avanzar. No hacía más cosas, pero hacía mejor las importantes.
El día que entregó el proyecto, no brilló por genialidad. Brilló por constancia.
Y entendió algo que nadie le había explicado así: ser productivo no es ir rápido, sino ir en la dirección correcta.
La verdadera productividad no consiste en llenar el día, sino en dar valor a lo que haces en él.

No hay comentarios:
Publicar un comentario