No era que no quisiera hacerlo, es que siempre encontraba algo más fácil o más divertido.
Laura pensó: hay tiempo.
El jueves por la tarde empezó. Tarde. Demasiado. Le faltaban datos, las ideas no estaban claras y el cansancio pesaba. Entregó algo sin revisar, sin estar segura.
El viernes, la nota fue baja.
Laura se quedó pensando.
Al día siguiente, se propuso algo sencillo: hacer las tareas justo cuando las recibiera. No todas a la vez. Una por una. Sin esperar a que “le apeteciera”.
No fue fácil. Pero fue distinto.
Poco a poco, dejó de ir con prisas y de sentirse culpable. Las cosas no pesaban tanto cuando no las dejaba acumularse.
Y entendió algo importante: la diligencia no te quita libertad, te la devuelve.
Ser diligente es responder a lo que la vida te pide en el momento adecuado, con responsabilidad y cuidado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario