miércoles, 28 de enero de 2026

No mañana

A Laura no le gustaba que le metieran prisa.
Siempre decía lo mismo:
—Luego lo hago.

Luego ordenar la habitación.
Luego estudiar.
Luego contestar mensajes importantes.

No era que no quisiera hacerlo, es que siempre encontraba algo más fácil o más divertido.

Un martes, el profesor anunció:
—El proyecto se entrega el viernes a primera hora. Quien no lo entregue, suspende.

Laura pensó: hay tiempo.

El jueves por la tarde empezó. Tarde. Demasiado. Le faltaban datos, las ideas no estaban claras y el cansancio pesaba. Entregó algo sin revisar, sin estar segura.

El viernes, la nota fue baja.

Esa tarde, su madre le pidió ayuda para preparar una comida familiar.
—Ahora no —respondió Laura—. Luego.

Pero esta vez su madre se sentó con ella.
—¿Sabes qué es la diligencia? —le preguntó—. No es hacerlo rápido ni perfecto. Es hacerlo cuando toca, con cuidado.

Laura se quedó pensando.

Al día siguiente, se propuso algo sencillo: hacer las tareas justo cuando las recibiera. No todas a la vez. Una por una. Sin esperar a que “le apeteciera”.

No fue fácil. Pero fue distinto.

Poco a poco, dejó de ir con prisas y de sentirse culpable. Las cosas no pesaban tanto cuando no las dejaba acumularse.

Y entendió algo importante: la diligencia no te quita libertad, te la devuelve.

* * *

Ser diligente es responder a lo que la vida te pide en el momento adecuado, con responsabilidad y cuidado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario