jueves, 29 de enero de 2026

El mensaje que no se envió

El móvil vibró en el bolsillo de Marcos justo al salir del instituto.
Un mensaje en el grupo de clase.

Alguien había subido una foto de David, mal hecha, con un comentario burlón. En segundos empezaron las risas, los emoticonos, los mensajes rápidos. Marcos leyó todo en silencio.

Tenía ganas de escribir algo. No para defender a David, sino para no quedarse fuera. Pensó en una frase ingeniosa. Tenía los dedos sobre la pantalla.

Pero algo le frenó.

Recordó una vez en la que él mismo había sido el blanco de una broma. No fue grave, pero le dolió más de lo que esperaba. Cerró el móvil un momento.

Si lo envío, no podré borrarlo, pensó.

Cuando volvió a mirar, escribió un mensaje distinto:
—No hace gracia. Mejor borrarla.

Hubo silencio.
Luego alguien respondió:
—Tampoco es para tanto.

Marcos no contestó más. Guardó el móvil.

Al día siguiente, David se sentó a su lado en clase.
—Gracias —le dijo en voz baja—. Vi tu mensaje.

Marcos se encogió de hombros, un poco incómodo, pero por dentro sintió algo nuevo: tranquilidad.

Entendió que la prudencia no es tener miedo, sino tener cabeza y corazón al mismo tiempo. Y que a veces, el mejor mensaje… es el que no se envía.

* * *

La prudencia nos ayuda a pensar antes de actuar, a elegir lo correcto y a evitar daños que no siempre se pueden arreglar después.

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