Se levantaba mirando el reloj, desayunaba con el móvil en la mano y salía de casa pensando ya en lo que venía después. Clases, entrenamientos, tareas, mensajes, vídeos, música de fondo… Nunca silencio.
Un sábado por la mañana, cuando por fin no tenía nada urgente, el móvil se apagó de golpe. Sin aviso. Sin batería.
Al principio se puso nervioso. Caminó por la casa como si hubiera perdido algo importante. Encendió la tele. Nada interesante. Se sentó en la cama. Se levantó otra vez.
Hasta que se dejó caer en el sofá.
Por primera vez en mucho tiempo, no tenía nada que hacer. Ni a quién responder. Ni dónde llegar.
Escuchó los ruidos de la casa: el reloj de la cocina, un coche pasando por la calle, el viento moviendo las persianas. Cerró los ojos un momento.
Pensó en la semana, en lo cansado que estaba sin darse cuenta, en cómo hacía muchas cosas sin disfrutarlas. Recordó algo que le decía su abuelo: “Parar también es avanzar”.
Cuando su móvil volvió a encenderse horas después, Lucas lo miró y lo dejó a un lado. Salió a dar un paseo sin auriculares. Respiró hondo.
Descubrió que el reposo no es perder el tiempo, sino recuperarlo.
* * *
El reposo es necesario para vivir bien. Parar, desconectar y guardar silencio nos ayuda a encontrarnos con nosotros mismos y a seguir adelante con más sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario