—Tienen una semana para construir un puente con cartón que soporte el peso de diez libros.
Las reglas eran claras: materiales limitados y trabajo en equipos de cuatro.
El grupo de Andrés no empezó bien. Cada uno tenía su idea y ninguno quería ceder. Andrés quería un diseño alto y moderno. Carla insistía en algo simple y resistente. Mario apenas hablaba. Lucía se desesperaba.
Después de una hora de discusión, el puente era solo un montón de cartón mal cortado.
—Así no vamos a terminar nunca —dijo Lucía.
Hubo silencio. Era la primera vez que alguien intentaba unir en vez de imponer.
Decidieron escucharse de verdad. Se repartieron tareas: uno medía, otro cortaba, otro pegaba, otro revisaba. Cuando alguien se equivocaba, no se burlaban; corregían.
El día de la prueba, el puente aguantó cinco libros… luego siete… luego diez.
No era el más bonito de la clase, pero resistió.
Y entendieron que la colaboración no significa perder protagonismo, sino sumar capacidades. Lo que parecía imposible al principio, se volvió posible cuando dejaron de competir y empezaron a construir juntos.
* * *
La colaboración multiplica talentos y permite superar desafíos que, en solitario, parecen inalcanzables.

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