viernes, 13 de febrero de 2026

El puente de cartón

En la clase de Tecnología, el profesor propuso un reto:

—Tienen una semana para construir un puente con cartón que soporte el peso de diez libros.

Las reglas eran claras: materiales limitados y trabajo en equipos de cuatro.

El grupo de Andrés no empezó bien. Cada uno tenía su idea y ninguno quería ceder. Andrés quería un diseño alto y moderno. Carla insistía en algo simple y resistente. Mario apenas hablaba. Lucía se desesperaba.

Después de una hora de discusión, el puente era solo un montón de cartón mal cortado.

—Así no vamos a terminar nunca —dijo Lucía.

Mario, que casi no había intervenido, habló:
—¿Y si juntamos las ideas? La base puede ser como dice Carla, pero con los refuerzos que propone Andrés.

Hubo silencio. Era la primera vez que alguien intentaba unir en vez de imponer.

Decidieron escucharse de verdad. Se repartieron tareas: uno medía, otro cortaba, otro pegaba, otro revisaba. Cuando alguien se equivocaba, no se burlaban; corregían.

El día de la prueba, el puente aguantó cinco libros… luego siete… luego diez.

No era el más bonito de la clase, pero resistió.

Mientras recogían, Andrés dijo:
—Yo solo no lo habría logrado.

Carla respondió:
—Ninguno de nosotros.

Y entendieron que la colaboración no significa perder protagonismo, sino sumar capacidades. Lo que parecía imposible al principio, se volvió posible cuando dejaron de competir y empezaron a construir juntos.

* * *

La colaboración multiplica talentos y permite superar desafíos que, en solitario, parecen inalcanzables.

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